martes, 27 de marzo de 2018
sábado, 24 de marzo de 2018
Respuesta a una amable estudiante
"Estudiante", muchas gracias por tus comentarios.
Por estudiantes como tú, que hacen una evaluación de su proceder y aceptan de buena manera los logros y los errores propios, es que procuro siempre realizar un buen trabajo.
Constantemente recibo quejas y llamados de atención por mi "manera de ser" como docente. Pero de cuando en vez, caminando por alguna calle, la fortuna hace que mis pasos choquen con los de un estudiante, o una estudiante, que me saluda de buena forma, con entusiasmo y con una sonrisa honesta, que de paso me dice: "Usted es uno de los mejores profesores que tuve y gracias a usted aprendí que..."
Cuando recuerdo eso, que es tal cual lo que ahora ocurre contigo, me agrada ver que se trata de una buena persona. Ocurre que la sociedad no le da altavoz a las buenas personas y la academia, reflejo de esta, hace lo propio con los buenos estudiantes. Por lo menos en mi caso, las directivas, en contadas ocasiones me han dado un golpecito en la espalda para decirme: Bien.
Son los estudiantes los que lo han hecho, lo cual valoro en realidad. Nunca he creído en las adulaciones de mis jefes.
Eso si, un estudiante que no obtuvo la nota deseada por un trabajo que no entregó en la fecha, incompleto, con errores de todo tipo, acabados terribles, mala ortografía, ni siquiera bien marcado... puede inventar cualquier cosa sin importar que puede arruinar una hoja de vida con tal de "sacar" un TRES. No creo que eso sea de buenas personas, pero no fui yo quién los educó.
Lo interesante es que hasta ellos dicen: En ningún momento digo que sea mal profesor, su nivel de conocimiento está claro, pero...
Resulta gracioso, pero así es la humanidad con la que debemos convivir.
Gracias. Espero ver la nueva propuesta.
Por estudiantes como tú, que hacen una evaluación de su proceder y aceptan de buena manera los logros y los errores propios, es que procuro siempre realizar un buen trabajo.
Constantemente recibo quejas y llamados de atención por mi "manera de ser" como docente. Pero de cuando en vez, caminando por alguna calle, la fortuna hace que mis pasos choquen con los de un estudiante, o una estudiante, que me saluda de buena forma, con entusiasmo y con una sonrisa honesta, que de paso me dice: "Usted es uno de los mejores profesores que tuve y gracias a usted aprendí que..."
Cuando recuerdo eso, que es tal cual lo que ahora ocurre contigo, me agrada ver que se trata de una buena persona. Ocurre que la sociedad no le da altavoz a las buenas personas y la academia, reflejo de esta, hace lo propio con los buenos estudiantes. Por lo menos en mi caso, las directivas, en contadas ocasiones me han dado un golpecito en la espalda para decirme: Bien.
Son los estudiantes los que lo han hecho, lo cual valoro en realidad. Nunca he creído en las adulaciones de mis jefes.
Eso si, un estudiante que no obtuvo la nota deseada por un trabajo que no entregó en la fecha, incompleto, con errores de todo tipo, acabados terribles, mala ortografía, ni siquiera bien marcado... puede inventar cualquier cosa sin importar que puede arruinar una hoja de vida con tal de "sacar" un TRES. No creo que eso sea de buenas personas, pero no fui yo quién los educó.
Lo interesante es que hasta ellos dicen: En ningún momento digo que sea mal profesor, su nivel de conocimiento está claro, pero...
Resulta gracioso, pero así es la humanidad con la que debemos convivir.
Gracias. Espero ver la nueva propuesta.
miércoles, 21 de marzo de 2018
martes, 20 de marzo de 2018
Tabla de contenido en InDesign
Una de mis televidente me solicitó crear un video en el que mostrara como crear una tabla de contenido en InDesign... Aquí lo tienen.
Una manera sencilla de crear y editar tablas de contenido.
De paso, les recuerdo que he creado un curso de diseño de un libro con InDesign para escritores. Lo pueden encontrar en: https://www.udemy.com/curso-de-diseno-de-un-libro-con-indesign-para-escritores/
jueves, 8 de marzo de 2018
Una constelación de mujeres
Por fortuna mi vida ha sido tejida por dedos de mujer, en casa, Madre, Abuela, Tías... las mamás de mis amigos... Nada cambio por un plato de comida proveniente de esas manos, un café recién hecho o un pocillo de agua de panela... El mayor de los ingredientes, el amor, no lo ves en toda parte... en ningún lado de la manera gratuita con que ellas lo emplean.
En el jardín, la escuela y el colegio; maestras notables, anónimas para muchos pero no para mi corazón. Fanny Stella, Isabel... Qué lindo siguen sonando los nombres de mis profes.
¿Acaso alguien olvida a las tutoras de sus primeros pasos en algo tan magno como la educación? Quien lo hace ha de tener su buen espacio en una eternidad de condena. ¿Acaso el David de ha olvidado de Miguel Ángel?
En el trabajo pude notar que se marcha de mejor forma cuando marchas junto a ellas y también que no solo somos nosotros, los varones, el problema. Ellas han sabido mantenerlo e incluso hacerlo mayor... Bajo el pretexto de igualdad muchas han sabido copiar nuestros peores aspectos. Para ellas no es esta fecha.
En el trabajo he hallado la alegría de contar con grupos de estudiantes donde siempre han de figurar ellas, también donde ellas son las que no ofrecen ejemplo a seguir. Esto me lleva a pensar que ellas y nosotros podemos ser ángeles o demonios, problema, solución. Juntos y solo juntos, podemos lograr una mejora en esto que llamamos sociedad.
Sin embargo, agradeciendo a mis estudiantes congéneres; de ellas, aprendo más, porque ven una realidad muy diferente, con más colores, con más brillo, con mayor vuelo... Pero sigue siendo Diseño Gráfico y no la impensable estupidez de llamar a su profesión Diseña Gráfica.
Hoy las señoritas de mi clase hicieron de la mañana algo destacable... momentos así me mantienen como docente.
En la vida, caminos cruzados, direcciones paralelas que tornan a perpendicularidad... a mis amigas les debo mucho y no hay reconocimiento que pague esa deuda, porque la deuda es con la vida, pues ELLA me ha premiado con el abrigo un cielo plasmado de constelaciones de mujeres brillantes... Y claro, un universo de resplandor indescriptible, una prueba de la existencia de Algo más allá de cualquier comprensión humana, a la que tengo el privilegio de llamar, Hija.
Alexander Marroquín.
miércoles, 14 de febrero de 2018
¿Qué vinimos a hacer?
Estaba esperando a mi grupo de estudiantes, la puntualidad no era su mayor característica. Mientras, confiaba mis pensamientos a las notas con que mis audífonos inundaban mi cavidad craneal y dejaba que mis ojos transitaran el circo que a diario ofrece la prensa escrita.
Por fin, llegaron todos ellos, en manada. Al comando, el macho alfa infaltable, con pecho inflado exhibiendo a su trofeo femenino, del cual se despidió tomando todo el tiempo que le vino en gana, como queriendo decir, "esa clase no empieza sino hasta que yo diga, mamita".
De tripas corazón... seguí esperando... Los cuatro pelagatos ingresaron y tomaron asiento, encendieron computadores para hacer puente de conversaciones de chat, de la pantalla y teclado del celular a la pantalla y teclado del ordenador.
Por fin ingresó el "chacho", el duro de la clase... Yo, indiferente, o haciéndome el indiferente, seguí en lo que ya mencioné... no escuché saludo alguno por tanto no devolví saludo alguno. A mí me reprendían si llegaba a un recinto y no expresaba una muestra tan fundamental de respeto y amabilidad como un simple y nada difícil de pronunciar, "buen día". Hoy el respeto de lo gana el más gañán.
Al rato, volvió a honrarnos con su presencia el i que atendía su teléfono móvil: -¿Y entonces profe?adefesio tecnológico que permite a cualquier saco de órganos reemplazar el clásico timbre que anuncia una llamada telefónica por cualquier ruido que da fe de su "buen gusto" y su afán por bendecir con el mismo a la humanidad presentei kilómetros a la redonda.
El tipejo aquél, ni corto ni perezoso se incorporó y salió nuevamente del salón. La llamada debía de ser tan importante que no le permitió mascullar un "disculpen, ya regreso".
Seguí en lo mío, había una canción particularmente agradable, tanto que me permitió afrontar el momento con mucha calma... supongo que pasaron algunos minutos y otra canción comenzó. También, supongo que ya se me notaba la cara de Jagdpanzer IV... Por tanto seguí en lo mío, con calma aparente.
Al rato, volvió a honrarnos con su presencia el ilustre personaje que atendía su teléfono móvil: -¿Y entonces profe?
-¿Entonces qué?
-¿Qué vinimos a hacer?
-Buena pregunta. Permítame termino de escuchar un temita y ya vemos qué vinimos a hacer, porque no tengo la más absoluta idea.
-¿Cómo así? - Prosiguió el prodigio aquel, que la Providencia puso en mi camino para iluminarlo - ¿por qué tenemos que esperarlo? ¡Si tenemos es clase!
-Hace 40 minutos, de seguro, tenía claro a qué había venido. Luego de un par de discos, ¡olvidé la razón que me ha sacado de la comodidad de mi casa para venir a deleitarme con su existencia!... Es lo que hace la buena música. Y cuando hablo de buena música no me refiero a ese esperpento sonoro con el que su celular contamino este espacio.
-No pues, como lo único chimba es lo que usté escucha que se las tira de muy intelectual.
-No le doy la respuesta que estoy pensando porque usted no la entendería, como no podría entender ni tres minutos de lo que estoy escuchando como banda sonora de esta agradable conversación... Pero le voy a decir algo que mi intelecto me permite: Ya completó las fallas permitidas, por tanto ha perdido esta asignatura... ¡Ah! Mire, ahí está su novia de nuevo haciendo señas.
A la imaginación del lector dejo el alboroto de ocasionó el particular portento académico que de cuando en vez visitaba la universidad.
Comparto lo que en ese momento estaba escuchando:
#ProfesorRata
Por fin, llegaron todos ellos, en manada. Al comando, el macho alfa infaltable, con pecho inflado exhibiendo a su trofeo femenino, del cual se despidió tomando todo el tiempo que le vino en gana, como queriendo decir, "esa clase no empieza sino hasta que yo diga, mamita".
De tripas corazón... seguí esperando... Los cuatro pelagatos ingresaron y tomaron asiento, encendieron computadores para hacer puente de conversaciones de chat, de la pantalla y teclado del celular a la pantalla y teclado del ordenador.
Por fin ingresó el "chacho", el duro de la clase... Yo, indiferente, o haciéndome el indiferente, seguí en lo que ya mencioné... no escuché saludo alguno por tanto no devolví saludo alguno. A mí me reprendían si llegaba a un recinto y no expresaba una muestra tan fundamental de respeto y amabilidad como un simple y nada difícil de pronunciar, "buen día". Hoy el respeto de lo gana el más gañán.
Al rato, volvió a honrarnos con su presencia el i que atendía su teléfono móvil: -¿Y entonces profe?adefesio tecnológico que permite a cualquier saco de órganos reemplazar el clásico timbre que anuncia una llamada telefónica por cualquier ruido que da fe de su "buen gusto" y su afán por bendecir con el mismo a la humanidad presentei kilómetros a la redonda.
El tipejo aquél, ni corto ni perezoso se incorporó y salió nuevamente del salón. La llamada debía de ser tan importante que no le permitió mascullar un "disculpen, ya regreso".
Seguí en lo mío, había una canción particularmente agradable, tanto que me permitió afrontar el momento con mucha calma... supongo que pasaron algunos minutos y otra canción comenzó. También, supongo que ya se me notaba la cara de Jagdpanzer IV... Por tanto seguí en lo mío, con calma aparente.
Al rato, volvió a honrarnos con su presencia el ilustre personaje que atendía su teléfono móvil: -¿Y entonces profe?
-¿Entonces qué?
-¿Qué vinimos a hacer?
-Buena pregunta. Permítame termino de escuchar un temita y ya vemos qué vinimos a hacer, porque no tengo la más absoluta idea.
-¿Cómo así? - Prosiguió el prodigio aquel, que la Providencia puso en mi camino para iluminarlo - ¿por qué tenemos que esperarlo? ¡Si tenemos es clase!
-Hace 40 minutos, de seguro, tenía claro a qué había venido. Luego de un par de discos, ¡olvidé la razón que me ha sacado de la comodidad de mi casa para venir a deleitarme con su existencia!... Es lo que hace la buena música. Y cuando hablo de buena música no me refiero a ese esperpento sonoro con el que su celular contamino este espacio.
-No pues, como lo único chimba es lo que usté escucha que se las tira de muy intelectual.
-No le doy la respuesta que estoy pensando porque usted no la entendería, como no podría entender ni tres minutos de lo que estoy escuchando como banda sonora de esta agradable conversación... Pero le voy a decir algo que mi intelecto me permite: Ya completó las fallas permitidas, por tanto ha perdido esta asignatura... ¡Ah! Mire, ahí está su novia de nuevo haciendo señas.
A la imaginación del lector dejo el alboroto de ocasionó el particular portento académico que de cuando en vez visitaba la universidad.
Comparto lo que en ese momento estaba escuchando:
#ProfesorRata
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